Los vinos Prelvm son vinos naturales diferentes. Vinos vivos. Vinos con una clara nota diferenciadora que los hace únicos y fuera de los cánones de los vinos destinados al gran consumo. Su principal punto diferenciador es que son vinos elaborados y criados en tinajas (ánforas) de barro. Tinajas de no más de 1.000 litros en las que la uva, y posteriormente el vino, son los únicos protagonistas.

Hablar de vino natural significa reconocer su individualidad, es dejarse sorprender por los sabores y el saber hacer de su creador.
Hablar de vino natural es hacer menos vagos a los consumidores, es elaborar vinos fuera de la producción a gran escala.
Hablar de vino natural es entender que el protagonista es la naturaleza y no el hombre.
Hablar de vino natural es crear un vino más próximo al arte que al gran consumo.

El barro con el que están construidas las tinajas es un material inerte por lo que podemos obtener unos vinos en los que destaca la complejidad de cada uva, de cada terruño. Vinos diferentes capaces de transmitir al consumidor el lugar de donde proceden.
En la tinaja se produce una microoxigenación constante que consigue, en los vinos en fermentación, reducir las notas herbáceas y astringentes de algunas uvas. Por lo que obtenemos vinos más redondos en boca, más afrutados y sin reducción.
El barro de las tinajas mantiene el mosto a una temperatura más constante que otros materiales, lo que nos facilita una fermentación tranquila y sin muchas oscilaciones de temperatura.
La forma ovoide de las tinajas proporciona al vino un constante movimiento, por lo que conseguimos una constante homogenización de las manoproteinas que nos proporcionaran vinos más estables, más complejos, más untuosos y más agradables en boca.
Estas mismas características de microoxigenación, inercia y termoestabilidad, funcionan en los procesos siguientes a la fermentación, como son decantación y maduración de los vinos. Las tinajas de barro facilitan la decantación de partículas en suspensión, por su inercia electroestática.
La forma ovoide de la tinaja y su material de construcción, el barro, permiten una adherencia lateral de las partículas del vino que mejora la decantación, e inversamente facilita el proceso de removido de las lías más finas, con una ventaja añadida y es que por efecto de la microoxigenación, se neutraliza el carácter reductor de las mismas.
La acción de las manoproteinas se potencia, consiguiéndose en una mejora de estabilidad tartárica y de materia colorante.
La permanencia en tinaja de los vinos mejora la percepción organoléptica, mejorando la sensación de cuerpo y volumen y disminuyendo la parte astringente y amarga de los taninos.
Otra cualidad de las tinajas es que durante la estancia de los vinos en ellas, estos sufren la misma evolución, pero más lenta, que si estuviera el vino en barricas pero sin aportarle ningún aroma como si hace la barrica. Por lo que mantenemos los aromas primarios y varietales de los vinos.

Nuestros viñedos se encuentran en el Raposo al sur de Extremadura. A unos 565 metros sobre el nivel del mar. Y con una pluviometría entorno a los 450 – 500 litros al año. Con un clima extremo mediterráneo, con unas temperatura que pueden llegar en invierno a las 2- 4 grados bajo cero y en verano a los 40 grados pero que sin embargo durante la noche descienden hasta los 25- 28 grados. Esto permite a las vides recuperarse y mantener su actividad. Un microclima, un poco especial dentro de Extremadura, ideal para el cultivo de uvas de calidad.

Los suelos son arcillosos capaces de retener gran cantidad de agua durante el invierno que luego, durante los meses de verano, le hace falta a la planta para seguir su desarrollo vegetativo. Estos suelos arcillosos contienen gran cantidad de materia orgánica que nos permite no tener que abonar para conseguir una cosecha de calidad. Esto unido a un cultivo respetuoso con el medio ambiente como es desarrollar en todos nuestros viñedos la agricultura ecológica nos hace disponer de unas uvas de excelente calidad para la elaboración de estos vinos tan peculiares.